La piel parece estar siempre en el límite entre dos situaciones contradictorias, frontera ante la dualidad: dentro -fuera, real-imaginario, blanco-negro, positivo -negativo… Polaridades que confluyen en su esencia y como si se tratara de piezas de un puzle forman un todo, roto por un trazo mal dado, una pincelada que se escapa y atraviesa el cuadro como una cicatriz.